
Michel Gondry hace una oda a su estética, da rienda suelta a los recursos que utilizó en Eternal Sunshine of the Spotless Mind, y aunque parece ser imposible logra un trabajo aún más creativo, el arte visual se describe como su narración: armoniosa. Antes de traernos esa obra de arte citada, el director francés es reconocido previamente, y esencialmente, por su impresionante trabajo siendo el realizador de los vídeos musicales de sus compatriotas, Daft Punk, acaso a estas alturas habrá algún ermitaño que no haya visto "Around the World" con sus 4 minutos y 4 segundos de sincronización absoluta. También colaboró con Björk, Massive Attack, The Chemical Brothers, The White Stripes y hasta los Foo Fighters, entre otros.
La Ciencia del Sueño refleja aquel mundo que todos nos imaginamos, y lo denominamos: sueño. Stéphane menciona que es más complicado, de lo que creemos hacer un sueño, y tiene razón; nos da una pequeña receta, al agregar primero los pensamientos al azar aderezados por un poco de las reminiscencias del día para mezclarlo con esas memorias del pasado que permanecen en nuestra cabeza. Sin olvidarse de incluir todas aquellas relaciones que tenemos a nuestro alrededor, con los amigos, familia y hasta del tono amoroso, hasta se permite por qué no, recordar alguna canción y ambientar ese pequeño rato de inconsciencia. Muchos nos sentimos identificados con Stéphane, no imagino alguna persona que no haya soñado despierto e imposible que algún "ente" no sueñe. La mayoría tiene los ingredientes pero pocos la imaginación, esto es vital para crear el platillo en cuestión.
Michel Gondry no solo nos presenta un soñador empedernido sino que nos "atormenta" otra vez con este tema en particular: el amor. Si en su opera prima el desamor llegó a nuestros ojos, en esta oportunidad lo trae de forma más sutil. Los pensamientos al azar, las vivencias del día, los recuerdos del pasado, las relaciones más simples, la música, absolutamente todo queda en el olvido y la cabeza se copa de una solo tópico, prácticamente una persona roba nuestros sueños y ésta los ocupa a la vez. Stéphanie se convierte de una amiga a una intempestiva invitada al show de Stéphane, y como no puede ser de otra forma, las relaciones NUNCA son simples. La experiencia del conductor de Stephane TV muestra dos causas simples para esta problemática para unos y alegría para otros; la fugaz inicia con este fenómeno: "azar paralelo sincronizado". Yo lo podría definir como el encuentro con una persona desconocida en un tiempo/espacio determinado, y lo que diferencia este choque de otros, es que él o ella, será un huésped pasajero en la mente, aunque no se descarta que su permanencia sea extraordinaria. Y la segunda, y más tortuosa, sucede cuando los deseos suspiran por ser algo más que un amigo con esa persona donde las coincidencias son involuntarias, el tiempo lo sufres al no querer que la compañía se aleje y esperas con ansías una nueva oportunidad. Las posibilidades o resultados no se pueden predecir, al ser distantes, afortunadamente y de nueva cuenta, el realizador francés nos regala un final abierto donde cada persona se podrá imaginar el desenlace que desee, dependiendo de su visión, sueños o estado de ánimo.
Espectacular en: la creatividad y el trabajo de Michel Gondry. La música de Jean-Michel Bernard. Las actuaciones de Gael García Bernal y Charlotte Gainsbourg. El papel de Alain Chabat, el famoso amigo impertinente y despreocupado que nos gustaría ser, no analisa las cosas de más, solo vive el momento. Y la escena de la declaración de Stéphane ataviado con sus compañeros de trabajo como ¿gatos?, ¿osos? cantando sus sentimientos.
Pudo mejorar en: que algunas personas se pueden confundir, a ratos los sueños son la realidad y la realidad se transporta a los sueños (tanto en la cinta como en la vida).
Pésimo en: el último paso; ¿para qué tener una relación si se puede ser amigos o para qué ser amigos si se puede tener una relación?
Le doy un: 9.5